miércoles, 26 de mayo de 2010

El desierto del amor.

[...]

Nuestro dolor consiste en ver cómo el ser amado forma ante nuestros ojos la imagen que se hace de nosotros; anula nuestra más preciosas virtudes, y deja, a plena luz, aquella debilidad, ese ridículo, ese vicio... Nos impide su visión, nos obliga a adaptarnos en todo lo que a nosotros se respecta, a su estrecha idea. No sabrá jamás que, ante los ojos de cualquier otro, cuyo afecto no tiene ningún valor, nuestras virtudes estallan, nuestro talento resplandece, nuestra fuerza parece sobrenatural, nuestro rostro es el de un dios.

[...]

François Mauriac. El desierto del amor.